Periodistas en las Redes Sociales

Gracias al boom de las redes sociales y la comunicación digital, se han venido conociendo muchas cosas que antes ni por asomo era posible, y ya no es solamente a través de filtraciones a medios o investigaciones periodísticas, como se han develado muchos asuntos que han comprometido la carrera de muchos políticos deshonestos o abusadores del poder –que abundan en este país—, y que en muchos de los casos les ha causado ser removidos de sus cargos e incluso enfrentar cargos judiciales. 

 

Ahora es suficiente con observarlo, grabarlo y evidenciarlo en alguna de las grandes plataformas mundiales que dominan ya la vida cotidiana de la gran mayoría de los 7 mil 700 millones de habitantes que hay en el planeta, para que se conozcan hechos de gran interés para la población, sin que para ello se haya requerido de una orden de trabajo y una metodología de procesamiento informativo. 

 

La vida privada dejó de ser privada y la vida pública es más pública, y aunque hay un debate, ¿Dónde más?, ¡en redes!, en el sentido de si los influencers o youtubers, o quien suba algo a Facebook, Twitter o Instagram, ¿son periodistas por ese solo hecho?, la verdad de las cosas es que, si bien no son periodistas y eso me queda claro, todos los creadores de contenido han dado un gran valor a las redes y han abonado a tener sociedades mejor informadas, más democráticas y plurales. A ellos les debemos enterarnos de cosas que de otra forma no hubiera sido posible, y algunas de auténtica relevancia. ¡Bien por influencers, youtubers y cibernautas en general! 

 

Mención aparte lo merecen las fake news, solo basta decir que son nefastas, nocivas y que no deben de existir, pero, así como no deben existir las fakenews, tampoco debe existir la maldad, la perversión, la insidia, el odio y la amargura de quienes las promueven. 

 

A través de las redes hemos visto funcionarios públicos que han sido exhibidos en situaciones vergonzosas, o ciudadanos abusadores que se han convertido en lords o ladys, o imágenes de eventos, trágicos o divertidos, captados en el momento exacto; que ocupan enseguida los primeros lugares de audiencia digital, pues se replican con mucha facilidad y se hacen virales en muy poco tiempo.

 

Es información, “haiga sido como haiga sido”, es información, cuya potestad de generarla y proveerla antes solo la teníamos los periodistas, y ha dejado de ser exclusiva para nosotros. 

 

Aunque, sí tenemos algo que nos distingue y que debemos hacer valer, en relación con los creadores de contenido: nos preparamos para ser periodistas, académica o empíricamente; seguimos una metodología de cobertura o investigación; nos apegamos a un manual de estilo y redacción a la hora de escribir; y seguimos un código de ética, imprescindible en el trabajo periodístico y que muchos ni saben que existe. 

 

Entonces, si nos ceñimos a lo que hemos aprendido y ejercido, estemos en un medio formal o no, podemos aportar mucho en las redes, hacer valer al gremio, e incorporar materiales serios y profesionales, que lleven nuestra marca, nuestro nombre, aunque no trabajemos para una empresa de comunicación, nosotros mismos ya somos nuestra propia empresa; lo que siempre quisimos hacer lo tenemos a la mano: ser nuestros propios jefes, desarrollar los temas de nuestro interés, con el ángulo y el enfoque que a nosotros nos mueva, sin filias ni fobias; sin obedecer a otros intereses que no sean los de la justicia y la verdad. 

 

Ese es nuestro papel en las redes cuando actuamos en lo individual –que también debería de ser como trabajadores de algún medio que interactúan en redes a nombre propio—; como también el de ser activistas en favor de la justicia, de la libertad de expresión y de todas las libertades consagradas en nuestra Constitución, apegándonos siempre a los dogmas universales del periodismo: objetividad, veracidad, imparcialidad, pluralidad e independencia. 

 

Con este pensamiento hipocrático, agradezco a mi amigo, Jesús Gaona López, la oportunidad que me da de escribir en su portal Libre Albedrío. Celebro la apertura que nos da a muchos con los que coincidió en su larga trayectoria periodística. En lo particular, fue en Diario Visor, Comunicación Alternativa de Hidalgo, en Pachuca, entre 1994 y 1995, donde lo conocí, junto con otro grupo de grandes periodistas que siguen vigentes en este apasionante ambiente de los medios, y a quienes recuerdo profundamente: Ángeles Monzalvo, Javier Peralta, José Augusto Ramírez, Óscar Sánchez, Andrés Torres y a un buen amigo de todos: Roberto Herrera (epd).

 

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